El marxismo como ideología incorpora la aportación esencial del cristianismo

El marxismo como ideología incorpora la aportación esencial del cristianismo, a saber, los valores fundamentales de la persona humana libre de perversiones frente al pensamiento único impuesto por el neoliberalismo y sus secuaces. Tanto el marxismo como el cristianismo protagonizan una nueva historia contra la barbarie del capitalismo.

Resumen de Manuel Carlos


¿Puede incorporar el marxismo lo esencial del cristianismo?

A través del amor encarnado a Cristo, se reconoce en el cristianismo un valor absoluto al otro y al mundo. Semejante contribución a la comprensión del hombre, ¿tiene también en el marxismo su justificación? ¿O carece éste, como a veces se ha dicho, de una base teórica para reconocer el valor absoluto de la persona humana?

Se ha acusado recientemente a Marx de tomar a Hegel limitándose a llamar “especie humana” lo que él denomina como “espíritu absoluto”, reduciendo así lo individual y su realización a la simple realización de la especie universal: “la ley de la especie aniquila el poder del hombre como persona”, enuncia el pastor Gollwitzer. Y el padre Girardi prosigue: la concepción marxista de la praxis y revolución -como valor absoluto y como criterio de valor- no parece reconciliable con el principio del valor absoluto de la persona. Sin embargo, el presupuesto de tales objeciones -por el que se identifica el marxismo con Hegel o con un pragmatismo– confunde las cosas.

Marx, en efecto, no se limita a una sustitución meramente verbal de Hegel -poniendo “materia” donde dice “espíritu”-, sino que es una inversión radical. Marx rechaza el conocimiento absoluto hegeliano, así como la correspondiente noción de fin de la historia. Frente al sistema cerrado, establece el principio abierto de una creación sin límite: con lo cual no puede pensar en una totalidad fija en la que el papel del individuo se reduzca a perderse en la realidad del todo. Pensar esto sería una interpretación totalitarista, fascista o racista de la especie humana o de la nación. Marx concibe la realidad como una incesante creación del hombre por el mismo hombre. El comunismo no es el fin de la historia, sino el fin de una historia pre-humana. Y el Manifiesto comunista lo define como aquella asociación en la que el libre desarrollo de cada uno condiciona el libre desarrollo del todo.

He ahí que tampoco pueda confundirse el marxismo con un pragmatismo. La revolución social no es un fin en sí mismo, ni el fin último marxista -al que deba sacrificarse todo lo demás-. El fin último de toda acción y tarea del comunismo militante es hacer un hombre de cada ser humano: hacer de él un creador, un centro de iniciativa, tanto en lo económico y político como en el plano de la cultura y el amor o en lo espiritual. Sin lugar a equívocos, la revolución social -abolición del sistema de propiedad privada de los medios de producción- es sólo la condición absolutamente necesaria para el desarrollo de la persona. Ahora bien: hablar de la espiritualidad del hombre olvidando las condiciones para su realización, o especular sobre su fin guardando silencio sobre los medios para conseguirlo, es incidir en una hipócrita exaltación del hombre contribuyendo, a la vez, a su aniquilación bajo las condiciones históricas que lo subyugan.

Fuente: Selecciones de Teologia.


 

El marxismo como ideología incorpora la aportación esencial del cristianismo


Actualizada el 20/02/2017

Deja un comentario